El deceso de Cuauhtémoc, el último emperador de los aztecas

1035

POR ADRIANA DE LA FUENTE*, 28 FEBRERO, 2019

Posterior a la muerte de Moctezuma II, Cuauhtémoc, un joven de 25 años, a quien Bernal Díaz del Castillo describió como un hombre impresionante debido a su «muy gentil disposición, así de cuerpo como de facciones», y porque «era muy esforzado y se hizo temer de tal manera que todos los suyos temblaban de él», dirigió la defensa de Tenochtitlán frente a las fuerzas de Cortés, quien lo apresó y más tarde ordenó ahorcarlo.

El último Emperador Azteca, nombrado por los españoles como Guatemuz, fue hijo y nieto de reyes, tuvo una corta y azarosa existencia, que fue prevista desde su nacimiento, pues nació en Tenochtitlán en los últimos años del siglo XV, bajo un eclipse solar, preludio de un sino fatal que los sacerdotes confirmaron al darle el nombre de Cuauhtémoc, cuyo significado es águila que desciende.

Durante su juventud, al igual que todos los varones aztecas recibió formación militar y pronto destacó como combatiente, cuando alcanzó el grado de tlacatécatl, lideró los ejércitos de Moctezuma en diversas campañas, lo que le valió el mando militar de Tlatelolco, la ciudad gemela de Tenochtitlán.

Gracias al rango que ocupaba, tuvo una participación destacada contra la invasión española, y tras la muerte por viruela de Cuitláhuac, hermano de Moctezuma, los aztecas lo eligieron como sucesor, y al convertirse en tlatoani, hizo todo lo posible para defender a su pueblo de los invasores.

Pero, a pesar de todos sus esfuerzos, los españoles ingresaron a Tenochtitlán y la bloquearon gracias a los bergantines que construyeron para navegar por la laguna que rodeaba la ciudad, obligando al pueblo a retirarse a Tlatelolco, eventualmente la ciudad cayo, sin embargo, esa no fue razón suficiente para que Cuauhtémoc se rindiera.

No hasta el asalto final a Tlatelolco, él y su familia intentaron escapar junto a algunos altos dignatarios para proseguir la lucha en otro lugar, no obstante, los españoles lo impidieron y Cuauhtémoc al notar la desventaja se rindió, entonces fue llevado ante Cortés, y en su presencia exclamó: «¡Ah capitán! Ya yo he hecho todo mi poder para defender mi reino y librarlo de vuestras manos, y pues no ha sido mi fortuna favorable, quitadme la vida, que será muy justo, y con esto acabaréis el reino mexicano».

Sin embargo, Cortes decidió dejarlo con vida y relegó su poder a Tlacotzin, un primo más dócil, e hizo del tlatoani un prisionero en Coyoacán, a quien posteriormente interrogo y torturo metiendo sus extremidades en agua hirviendo con el fin de obtener el oro de Tenochtitlán.

Al final, Cortes mandó a ahorcar a Cuauhtémoc, el 28 de febrero de 1525, mientras viajaban a Honduras para reprimir la rebelión de otro conquistador, debido a un rumor que ponía las siguientes palabras en la boca del tlatoani, «estaban desposeídos de sus tierras y señoríos y mandaban los españoles y que le parecía buen remedio matar a Cortés y a los que con él iban». Y así, el último emperador azteca pereció.

*Fuente: National Geographic

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor escriba su comentario!
Por favor escriba su nombre aquí